Se reunieron representantes de distintos territorios de América Latina, provenientes de universidades, organizaciones sociales y comunitarias, colectivos de personas usuarias de servicios de salud mental y familiares. También participaron profesionales de la salud, personas expertas por experiencia. El encuentro reafirmó que la salud mental comunitaria no puede reducirse a un modelo técnico de atención ni a dispositivos alternativos: es una posición ética y política sobre cómo se entiende el sufrimiento, los cuidados, los derechos, los vínculos, la cultura y la vida en común.
